El pasado viernes 27 de junio, China y Estados Unidos confirmaron la firma de un nuevo acuerdo comercial que contempla el levantamiento de medidas restrictivas impuestas durante los últimos meses.

El pacto incluye el compromiso de Pekín de revisar y aprobar solicitudes de control de exportaciones, mientras que Washington retirará varias restricciones comerciales. Un punto clave es el suministro de tierras raras, esenciales para la industria tecnológica y de defensa, cuyo acceso EE. UU. busca garantizar ante el dominio chino en su producción.

Tras reuniones en Ginebra y Londres, ambas potencias acordaron reducir temporalmente los aranceles mutuos y suavizar contramedidas no arancelarias. No obstante, funcionarios estadounidenses acusaron a China de ralentizar licencias, lo que llevó a un “entendimiento adicional” para garantizar la implementación.

La Casa Blanca, además, estudia aplazar la entrada en vigor de nuevos aranceles, cuyo plazo vence el 9 de julio. Esta posible prórroga impulsó el optimismo en los mercados, con alzas en las principales bolsas de Asia y Europa.