El enamoramiento es una de las experiencias más intensas que puede vivir una persona. Esa mezcla de emoción, deseo y alegría no ocurre por casualidad; al ver a alguien que nos atrae, el cuerpo libera una serie de reacciones químicas que generan placer, motivación e interés especial.

El papel de la dopamina

Cuando alguien nos atrae, el cerebro se inunda de dopamina, una hormona y neurotransmisor que activa la motivación, la recompensa y el placer. Esto impulsa a que las personas busquen acercarse a la otra, arreglarse más, perfumarse y tratar de causar la mejor impresión.

No obstante, este estado no es eterno. De acuerdo con la neurobióloga y antropóloga Helen Fisher, el “rush” de dopamina propio del enamoramiento suele desaparecer entre los 12 y 18 meses de relación. Por esta razón, muchas parejas atraviesan crisis en este periodo o buscan nuevas emociones que reactiven ese torrente químico.

Lo que sostiene el amor después

Aunque el subidón inicial termina, otros químicos mantienen la conexión y la felicidad. Entre ellos, la oxitocina y la serotonina, que se generan en momentos de cercanía, abrazos, caricias, risas, viajes, ejercicio físico, compartir con mascotas o practicar actividades relajantes.

👉 En resumen, el enamoramiento intenso tiene fecha de caducidad, pero la complicidad y el afecto que llegan después dependen de cómo las parejas alimenten la relación día a día.