En el caso de Carepa, los tres robos de vehículos oficiales ocurrieron en diferentes momentos, pero fue durante el gobierno del exalcalde Jonnan Alexis Cerquera cuando se registró el mayor número de estos hechos. En su administración, dos vehículos fueron hurtados sin que hasta hoy se conozcan resultados ni responsables, lo que ha dejado un manto de dudas sobre los controles internos y la respuesta institucional frente al crimen.
La delincuencia sigue ganando terreno en la región de Urabá, y Carepa no es la excepción. En las últimas horas se confirmó el hurto de una volqueta oficial de la alcaldía, que posteriormente fue hallada accidentada en la vía Dabeiba–Uramita. Con este caso, ya son tres los vehículos oficiales hurtados en el municipio en los últimos años.
Lo más preocupante es que este tipo de delitos no se limita a las instituciones públicas. El robo de motocicletas está completamente desbordado en toda la región, afectando a trabajadores, estudiantes, transportadores y familias que dependen de este medio de transporte para su día a día. En algunos municipios del Urabá, se reportan hurtos prácticamente a diario, mientras las autoridades parecen no dar abasto.
El reciente hurto de la volqueta oficial vuelve a encender las alarmas. A pesar de que el vehículo fue recuperado tras accidentarse fuera del municipio, el hecho de que haya sido movilizado sin ser detectado demuestra la fragilidad del control territorial y la falta de operatividad de las fuerzas de seguridad en la región.
Desde la administración municipal actual se reitera el llamado urgente al Gobierno Nacional y Departamental para que se tomen acciones concretas. Se necesita mayor pie de fuerza, fortalecimiento de la inteligencia policial y respuestas contundentes frente al crimen organizado, que cada vez se siente más cómodo operando en Urabá.
Hoy, Carepa no solo enfrenta el hurto de bienes públicos, sino que también comparte con toda la región una crisis de seguridad que afecta a la ciudadanía entera. Mientras los vehículos oficiales desaparecen y las motos son robadas en las calles, la sensación de abandono crece entre la población, que exige resultados y protección real.