empleados públicos, amas de casa y jubilados— acudieron este fin de semana en largas filas a plazas, edificios públicos y cuarteles del país para unirse a la Milicia Bolivariana. La convocatoria, hecha por el presidente Nicolás Maduro, responde a lo que calificó como una “amenaza” militar por parte de Estados Unidos, tras el despliegue de destructores lanzamisiles frente a las costas del país.
En Caracas, se abrieron nuevos puntos de registro incluso en el palacio presidencial de Miraflores y en el emblemático Cuartel de la Montaña, lugar donde reposan los restos del expresidente Hugo Chávez. La imagen de personas de todas las edades prestando declaración de lealtad y alistamiento rápidamente se viralizó como símbolo de resistencia.
Maduro advirtió que Estados Unidos no solo busca justificar acciones militares bajo el pretexto del combate al narcotráfico, sino que ha elevado la recompensa por su captura. Como respuesta contundente, aseguró que la Milicia Bolivariana ya supera los 4,5 millones de integrantes, posicionándola como una de las más grandes de la región.
Mientras tanto, en las calles se mezcla la consigna y el fervor con el escepticismo y la incertidumbre: ¿defensa patriótica o escalada de tensiones? La movilización cívico-militar marca un punto de quiebre en el ya tenso vínculo bilateral.