Aún retumba en la memoria de los habitantes de la vereda Granizal el estruendo que, sobre las 3:00 de la madrugada del pasado martes, marcó sus vidas para siempre. Un alud de tierra arrasó con al menos 33 viviendas y dejó 22 personas muertas, entre ellas niños, adultos mayores y familias completas. La tragedia se gestó al lado de la quebrada La Negra, límite entre Bello y Medellín, donde las lluvias desbordaron el cauce e hicieron colapsar la montaña.

El drama humano es inmenso, pero también lo es el contexto detrás de esta emergencia. Según expertos, esta situación obedece a factores estructurales que han hecho de Granizal la invasión irregular más grande del país, con miles de familias asentadas sin garantías en zonas propensas al riesgo.

Luis Fernando González, arquitecto y académico de la Universidad Nacional, lo resume con claridad: “Hay una ausencia de control territorial por parte de las administraciones locales. Se actúa cuando ya ocurren las emergencias, no hay planificación preventiva ni políticas públicas efectivas que regulen la ocupación de estas áreas”.

Los testimonios de los sobrevivientes dan cuenta de un asentamiento levantado con esfuerzo durante más de una década, con viviendas que van desde cambuches de madera y tejas de zinc hasta estructuras de ladrillo, que igualmente fueron vencidas por la fuerza de la tierra. Algunos comparan el estruendo con un terremoto, otros con el choque de un avión. Nadie pudo prever lo que ocurriría.

Hasta el momento, Medicina Legal ha identificado plenamente a 14 de las 22 víctimas, mientras que se adelantan los procedimientos forenses con las ocho restantes. La emergencia dejó cuerpos distribuidos entre Bello y Medellín, lo que evidencia la complejidad geográfica y jurídica del sector.

Por su parte, la Alcaldía de Bello activó una comisión social para brindar atención psicosocial, alojamiento, seguridad, salud y alimentación a las familias afectadas. “Le pedimos a la ciudadanía no llevar ayudas humanitarias a los albergues, ya que todo está coordinado con las entidades oficiales”, indicó Wber Zapata Lopera, encargado de la atención.

No obstante, el panorama a futuro sigue siendo incierto. Aunque se ha ordenado una evacuación definitiva del área afectada, no hay un pronunciamiento claro sobre el destino de la vereda Granizal, donde persisten construcciones en riesgo y miles de familias viven bajo la amenaza de una nueva tragedia.

La emergencia de Granizal vuelve a poner sobre la mesa una verdad incómoda: la búsqueda desesperada de techo en medio de la exclusión urbana lleva a muchas familias a habitar territorios vulnerables, sin presencia del Estado ni garantías mínimas de seguridad. Y cuando la naturaleza cobra su factura, el drama humano es apenas la punta del iceberg de un problema estructural.

Por yujalon99