En Concordia, Antioquia, las autoridades capturaron a un hombre identificado como «López», señalado de haber intentado asesinar a su vecino en la noche del 24 de diciembre de 2023, al parecer, como represalia por negarse a venderle una finca. La víctima, gravemente herida, tuvo que abandonar el municipio y su hogar en medio del miedo y la incertidumbre. Durante casi dos años, “López” permaneció libre, sin que se activaran medidas judiciales en su contra.
El intento de homicidio ocurrió en plena Navidad, cuando la víctima fue atacada con arma de fuego. Sobrevivió de milagro, pero su vida cambió radicalmente: huyó del pueblo, dejó atrás su propiedad y ha vivido exiliado desde entonces, temiendo un nuevo atentado.
Mientras tanto, “López” siguió en libertad, residiendo sin restricciones en el mismo municipio, como si nada hubiera pasado. Solo hasta el pasado 21 de julio, luego de recopilar suficiente evidencia, las autoridades lograron capturarlo y presentarlo ante la justicia por el delito de homicidio en grado de tentativa.
El caso ha causado indignación, no solo por la brutalidad del hecho, sino por el tiempo que tomó la acción judicial. Y ha reavivado recuerdos de otros crímenes similares ligados a disputas por tierras en Colombia.
Uno de los paralelos más comentados es el caso que envuelve al exciclista Lucho Herrera, quien fue vinculado recientemente a la desaparición forzada de cuatro vecinos suyos en Fusagasugá. Según testimonios judiciales, Herrera habría recurrido a grupos paramilitares tras la negativa de sus vecinos a venderle sus propiedades. Aunque el ídolo deportivo reconoció haber entregado dinero a un grupo armado ilegal, aseguró que fue víctima de extorsión y no responsable de los crímenes. Aun así, el escándalo ha generado un debate nacional sobre el poder, la tierra y la impunidad.
Casos como estos ponen sobre la mesa una problemática estructural en Colombia: la violencia como medio para la adquisición de tierras y la lenta respuesta de la justicia. Mientras unos huyen por miedo, otros se pasean impunes hasta que, finalmente, la justicia aunque tarde llega.