Rodrigo Paz Pereira, candidato del Partido Demócrata Cristiano (PDC), se convirtió en el nuevo presidente electo de Bolivia tras imponerse en la segunda vuelta con un 54,5 % de los votos, frente al 45,5 % obtenido por el exmandatario Jorge “Tuto” Quiroga, según el conteo preliminar del Tribunal Supremo Electoral con el 97 % de las mesas escrutadas.

El balotaje, realizado el 19 de octubre de 2025, marca el fin de casi dos décadas de predominio del Movimiento al Socialismo (MAS), fuerza política que gobernó Bolivia desde 2006, primero con Evo Morales y luego con Luis Arce.

La elección se desarrolló en medio de un ambiente de polarización y fatiga política. En la primera vuelta del 17 de agosto de 2025, Paz había liderado con un 32 %, seguido de Quiroga con 28 %, mientras que el MAS obtuvo un resultado históricamente bajo, quedando fuera del balotaje por primera vez en casi veinte años.

El alto abstencionismo (28 %) y el voto joven urbano fueron determinantes para consolidar la victoria del PDC, una formación que supo captar el deseo de cambio sin romper del todo con el discurso social.

Hijo del histórico político tarijeño Jaime Paz Zamora, Rodrigo Paz —de 56 años— fue senador, alcalde de Tarija y embajador de Bolivia ante organismos internacionales. Formado en Ciencias Políticas y con trayectoria en desarrollo local, se presenta como un líder moderado, que promete “unidad, estabilidad y transparencia”.

En su primer discurso tras la victoria, afirmó:

“Bolivia quiere paz, justicia y trabajo. Hoy iniciamos un nuevo capítulo sin revanchas, con esperanza.”

Paz asumirá el 8 de noviembre de 2025, en medio de una crisis económica marcada por inflación superior al 10 %, escasez de combustibles y una deuda externa creciente. Además, enfrenta el reto de reconstruir la confianza en las instituciones y reducir la polarización política.

Analistas prevén que buscará reabrir el diálogo con Estados Unidos y organismos internacionales, sin romper los lazos con sus socios regionales.

La victoria de Rodrigo Paz podría significar un nuevo giro político en Sudamérica, sumándose a la tendencia de gobiernos de centro-derecha que han ganado terreno en los últimos años. Su discurso conciliador y la promesa de “recuperar la confianza del mundo” apuntan a una Bolivia que busca estabilidad y renovación.