En el corregimiento de Nueva Colonia, en el Urabá antioqueño, se encuentra Surikí, una reserva natural de cerca de 400 hectáreas que hoy protege bosques, ríos, ciénagas y humedales, además de convertirse en refugio para jaguares, primates, aves, anfibios y reptiles.

Pero detrás de su riqueza natural existe una historia marcada por el desplazamiento, la violencia y el regreso. La familia Jiménez fue expulsada de sus tierras durante el conflicto armado y, después de varias décadas, logró recuperar el territorio para transformarlo en un proyecto de conservación, ecoturismo y desarrollo sostenible.

Al regresar, la familia encontró que los antiguos potreros habían sido cubiertos por la selva. En lugar de talar el bosque para retomar las actividades ganaderas, decidió protegerlo y convertirlo en una reserva. Estudios realizados con el apoyo de biólogos e instituciones académicas confirmaron la presencia de diversas especies amenazadas y el alto valor ecológico del territorio.

Actualmente, Surikí recibe investigadores, estudiantes, fotógrafos, observadores de aves y visitantes interesados en conocer la biodiversidad de Urabá. El proyecto también genera empleo y busca fortalecer los corredores naturales de la región.

La reserva avanza en su propósito de convertirse en un Banco del Hábitat y emitir bonos de biodiversidad, una apuesta que busca unir la protección ambiental con nuevas alternativas de desarrollo para el territorio.

Surikí representa una historia en la que la naturaleza y la memoria se encuentran: un lugar que pasó de ser escenario del despojo a convertirse en un símbolo de resiliencia, conservación y esperanza para Urabá.

Por yujalon99