La reciente escalada de violencia, con atentados en Cauca, Valle del Cauca y otras zonas, desató un fuerte cruce de declaraciones entre aspirantes a la Presidencia, quienes condenaron los hechos y aprovecharon para marcar distancia en sus propuestas de seguridad.

La ola de ataques terroristas registrada en las últimas horas en el suroccidente de Colombia volvió a sacudir el escenario político nacional. Los hechos, atribuidos principalmente a disidencias de las Farc, dejan múltiples víctimas y han reactivado el debate sobre el manejo de la seguridad en el país.

Frente a esta situación, varios candidatos presidenciales reaccionaron con contundencia. El senador y aspirante del Pacto Histórico, Iván Cepeda, condenó los atentados y exigió acciones para identificar y sancionar a los responsables, reiterando que la violencia no puede intimidar a la población ni frenar la agenda política.

Desde la oposición, la candidata Paloma Valencia lanzó duras críticas al Gobierno Nacional, señalando la necesidad de fortalecer la seguridad y respaldar con mayor decisión a las Fuerzas Armadas ante el avance de los grupos armados ilegales.

En la misma línea, el candidato Abelardo de la Espriella responsabilizó directamente al Ejecutivo por el deterioro del orden público y pidió una política de “mano dura” contra el terrorismo, elevando el tono del debate en plena campaña electoral.

Otros aspirantes también se pronunciaron. Algunos insistieron en la necesidad de unidad nacional frente a la violencia, mientras otros aprovecharon la coyuntura para cuestionar la estrategia de “paz total”, que vuelve a estar en el centro de la discusión política tras los recientes atentados.

La situación de orden público incluso ha impactado las agendas de campaña. Mientras algunos candidatos mantienen sus recorridos pese a las alertas de seguridad, otros han denunciado riesgos y exigido mayores garantías para ejercer actividad política en las regiones más afectadas.

En medio de este panorama, la violencia no solo deja víctimas y temor en las comunidades, sino que también se consolida como uno de los temas centrales de la contienda presidencial de 2026, polarizando aún más el discurso entre quienes defienden el diálogo y quienes exigen una ofensiva militar más contundente.