En zonas rurales de Urabá, un sistema creado originalmente para el transporte de banano se ha convertido en una alternativa de movilidad para trabajadores: la “garrucha”, un mecanismo que permite desplazarse colgado de cables a varios metros del suelo.
Este sistema opera mediante poleas que se deslizan sobre extensas líneas de cableado instaladas en fincas bananeras. Su función inicial era trasladar racimos desde los cultivos hasta las plantas de procesamiento, optimizando tiempos y reduciendo el esfuerzo físico.
Sin embargo, con adaptaciones básicas, como el uso de cuerdas y pequeñas tablas, algunos trabajadores también utilizan este mecanismo para movilizarse entre distintos puntos de las fincas. Los trayectos pueden incluir largas distancias, curvas e incluso conexiones entre diferentes tramos del sistema.
La infraestructura puede extenderse por varios kilómetros dentro de las plantaciones, lo que convierte a la garrucha en una solución práctica en territorios donde el acceso terrestre es limitado o complejo.
Aunque no es un sistema formal de transporte de personas, su uso refleja el ingenio y la capacidad de adaptación de las comunidades rurales, que han encontrado en esta herramienta una forma de facilitar su movilidad diaria.
Por ahora, este tipo de prácticas continúa siendo parte del paisaje productivo de Urabá, mientras se mantienen los desafíos en materia de acceso y transporte en zonas apartadas de la región.